
Sus empresas facturan más de $200,000 dólares (mucho más, de hecho) y tienen más tres años de vida. Compitieron con otras 50 empresas ante un jurado formado por Endeavor, New Ventures, Intel Capital, Nafin y Expansión. Si llegaron a nuestras páginas es porque tienen visión, conocen su mercado, encontraron un nicho propio, supieron hacer cuentas y, sobre todo, no quieren hacer otra cosa.
El principiante de póquer se sienta a la mesa y mira con frialdad fingida sus cartas. Sabe que tiene una ventaja: no conoce el juego, los códigos, puede ser el amo del bluff inconsciente; sobre todo es algo irresponsable ante la fatalidad, el hecho de que algún jugador se va a llevar las fichas y existen muy pocas probabilidades de que el afortunado sea él. Vive la ilusión de la invencibilidad muchas veces hasta que la suerte le sonríe… ese primer día: suerte de novato.
El emprendedor sale a un mercado del que no siempre conoce las reglas. En su mano tiene la innovación, un proyecto que arrancó como afición y que sueña convertir en su forma de vida (la de quien “no tiene un empleo”, como ironizó alguna vez Ted Turner, inventor de la información en televisión en tiempo real). Le entra al juego, pésele a quien le pese. Compara su producto con la competencia, si acaso existe, –nadie es tan bueno–, reúne un equipo entre amigos y recomendados, saca el dinero de debajo de las piedras, sale a vender, y se ve en poco tiempo como magnate turístico o tecnológico, abriendo el Nasdaq o vendiendo su proyecto a Bill Gates.
Hay a quienes esta etapa les dura una mano. Los números no salen, un pedido elevado supera la capacidad de producción, el mercado se cae inesperadamente, la realidad empieza a golpear con la corrupción, los costos de la electricidad, la falta de financiamiento o el competidor gigantesco que no admite sombra y lo aplasta… La mesa se vacía y las fichas se concentran una tras otra en manos ajenas. Perdieron con par de reyes.
Los emprendedores sentados a la mesa de nuestro concurso 2005 no son principiantes; ya ganaron varias manos, han aumentado el número de fichas en su poder y permanecen en la mesa de juego. Sus empresas facturan más de $200,000 dólares (mucho más, de hecho) y tienen más tres años de vida. Compitieron con otras 50 empresas ante un jurado formado por Endeavor, New Ventures, Intel Capital, Nafin y Expansión. Si llegaron a nuestras páginas es porque tienen visión, conocen su mercado, encontraron un nicho propio, supieron hacer cuentas y, sobre todo, no quieren hacer otra cosa. Todos necesitan financiamiento, otros deberán mejorar su capacidad gerencial o tener una mercadotecnia más agresiva. Pero están más cerca de llevarse el dinero a casa. A diferencia del jugador de póquer, con quien comparten la pasión por el azar y el reto solitario, en su partida contra todo crean empleos, impulsan cambios en los mercados, cambian paradigmas y lo que no es menos, nos regalan su optimismo. Expansión presenta sus diez ases de este año.
Fuente:
Revista Expansion No. 923
Agosto 31, 2005